21/02/2026
CARNAVAL DE CAJAMARCA ES HISTORIA, CULTURA Y TRADICIÓN:
IDENTIDAD CAJAMARQUINA
El Carnaval de Cajamarca es la expresión viva de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad.
Es la principal fiesta popular de nuestra querida ciudad, y nuestra región; y, el símbolo más auténtico del alma cajamarquina.
Hoy, con respeto, levanto mi voz, no para dividir, sino para reflexionar y proponer algunas consideraciones, con mucha humildad, pero más que seguro, se pueden mejorar.
El Carnaval no puede ni debe convertirse en sinónimo de desorden, caos o improvisación.
No puede transformarse en un espacio donde se pierda el respeto; y, además, donde el Centro Histórico se vea invadido por el descontrol y donde la esencia familiar quede relegada.
El Carnaval de Cajamarca es —y debe seguir siendo— una fiesta de familias, de reencuentro con amigos, de solidaridad y de alegría sana.
Reconozco que todos tienen derecho a trabajar, y que el comercio forma parte de la dinámica económica de nuestra ciudad.
Pero ese derecho no puede ejercerse a costa del orden, la seguridad, atentando incluso, con nuestro Centro Histórico y Cultural.
La organización no es enemiga del trabajo; al contrario, es su mejor aliada.
Las autoridades tienen la responsabilidad de planificar, prever y garantizar que nuestra principal fiesta popular esté a la altura de lo que Cajamarca representa ante el Perú y el mundo.
No se trata solo de celebrar; SE TRATA DE PRESERVAR Y PROYECTAR NUESTRA IDENTIDAD.
Nuestro desafío es claro y urgente: HACER DE CAJAMARCA UN LUGAR HERMOSO PARA VIVIR Y UN DESTINO ACOGEDOR PARA VISITAR.
El turismo no es una actividad secundaria; es uno de los motores económicos más importantes de la ciudad, y el Carnaval es una de sus vitrinas más visibles.
Lo que proyectemos durante esos días definirá la imagen que los visitantes llevarán de nosotros.
No podemos permitir que la improvisación opaque nuestra riqueza cultural, que el desorden dañe nuestra imagen o que se pierda la esencia de una tradición que nos pertenece a todos.
Con respeto, convoco a nuestras autoridades, instituciones, barrios, comparsas, jóvenes y ciudadanos a asumir con responsabilidad este compromiso.
El Carnaval debe recuperar su esencia: organización, respeto, identidad, cultura y familia.
Cajamarca merece un Carnaval digno de su historia, con autoridades comprometidas y ciudadanos que cuiden lo que aman.
Quiero dejar en claro, que esto no es una crítica destructiva, sino un llamado firme y consciente a mejorar.
Amar a Cajamarca no es quedarse en la nostalgia; es trabajar para que su grandeza perdure.
El Carnaval de Cajamarca es historia viva, cultura popular y patrimonio emocional del pueblo cajamarquino.
Por eso no podemos permitir que nuestras costumbres y tradiciones se desvirtúen.
Que nuestro Centro Histórico sea tomado por el caos, que el espacio público se desborde sin control o que la convivencia ciudadana quede relegada.
Una ciudad que se respeta organiza su fiesta más importante con responsabilidad y respetando sus costumbres y tradiciones.
Reitero, no se trata de estar en contra del comercio ni del trabajo, sino de entender que el derecho al trabajo no está por encima del orden, la seguridad ni la protección de nuestro patrimonio. El desarrollo económico exige planificación, y la planificación es responsabilidad directa de las autoridades.
El Carnaval requiere decisiones firmes:
• Ordenamiento real del comercio ambulatorio.
• Zonificación clara y previamente establecida.
• Control efectivo del espacio público.
• Coordinación operativa entre municipalidad, policía y demás instituciones.
• Garantía de seguridad para familias y visitantes.
• Protección estricta del Centro Histórico.
No es falta de capacidad; es falta de decisión y gestión.
Cajamarca no puede proyectar al país una imagen de improvisación.
Como lo indiqué líneas arriba, el turismo es uno de nuestros principales motores económicos, y el Carnaval es nuestra vitrina más visible, y lo que mostremos en esos días definirá cómo nos ven y cómo nos recuerdan.
Si proyectamos cultura, organización y hospitalidad, fortalecemos nuestra economía.
Si proyectamos desorden, debilitamos nuestra credibilidad como destino turístico.
El mensaje es claro: el Carnaval debe ser una fiesta de reencuentro de las familias y de los amigos; y por supuesto, de las personas que nos visitan, no un espacio de descontrol.
Invoco a nuestras autoridades a asumir con firmeza su responsabilidad.
De igual manera, a los organizadores, a los representantes de los barrios y comparsas corresponde defender la esencia cultural de nuestra tradición, y a toda la ciudadanía, participar con respeto y compromiso.
Amar a Cajamarca es defender nuestra historia, cultura, costumbres y tradiciones exigir que trasciendan en el tiempo, y que estén a la altura de nuestra historia.
Cajamarca merece un Carnaval organizado, con autoridad y respeto.
Añadir, que Cajamarca no sólo es carnaval, tenemos otras manifestaciones muy tradicionales que debemos ponerlos en valor, ese compromiso empieza ahora.
César Alberto Verástegui Llaque