11/12/2025
"Un latido lleno de fe y esperenza".
(Gabriel Obispo)
En una tarde de otoño, muy cerca del ocaso,
algo dentro de mí habló en un lenguaje extraño.
El día aún tenía luz, pero un frío insolito me recorrió como un presentimiento.
En un instante, mi vista se volvió destellos, y el mundo fue un eco lejano.
Después llegó un calor inquietante,
un contraste imposible en una tarde casi invernal.
Y al salir al aire libre, la brisa del atardecer me sostuvo lo suficiente para volver a mí,
aunque fuera con la vista nublada
y sintiendo de cercas un final.
La fragilidad de la vida se manifiesta así:
sin aviso, sin permiso, sin explicación.
Llega, derrumba, sacude,
y desbanece sueños en cuestion de segundos.
Pero en aquellos momentos grises..
Siempre estuvieeon aquellos; Ángeles sin alas,
de manos firmes, pero de corazón enorme.
Como si Dios, los hubiese puesto en mi caminó.
No fue una sola batalla, 2025 fue un campo de guerra.
como si la vida quisiera probar si todavía resistía.
A lo largo del año, varias sombras volvieron a extenderse sobre mí,
como si quisieran poner a prueba
la resistencia de mi espíritu.
Hubo momentos donde el tiempo se volvió borroso,
las voces ajenas parecían de otro mundo,
y al despertar solo quedaba la duda
de cómo seguía aquí.
Pero aun asi mi alma gritaba — sigo aqui –.
Regresé desde lugares silenciosos,
desde umbrales que no se cuentan,
desde límites donde uno descubre
lo fragil que es el hilo que nos sostiene.
No es la primera vez que la vida me llama a luchar.
Desde niño aprendí que la claridad puede escaparse,
que el cuerpo puede ser territorio incierto
y que avanzar, a veces,
es un acto de valentía cotidiana.
Y sin embargo, aquí estoy.
Con más cicatrices que explicaciones,
con más gratitud que miedo,
con el corazón aún latiendo, lleno de fe y esperanza.
Por eso escribo:
Cuidemos la vida,
este regalo sagrado y frágil.
Hagamos del amor un refugio,
y de la fe un puente que no se quiebra.
Porque incluso después de la noche más larga,
cuando el alma ha sido probada
y el cuerpo ha sido vencido,
siempre;
renace, luminoso y terco,
el árbol eterno de la esperanza.
En estas fechas, cuando diciembre envuelve al mundo en luces y silencios,
la vida nos recuerda que somos inciertos:
que podemos quebrarnos en un minuto
y renacer en el siguiente.
"Aprendí que la muerte no siempre llega como final,
a veces llega como advertencia,
como un llamado a despertar."
La salud se vuelve un tesoro que solo se aprecia
cuando la fragilidad nos toca el hombro.
El bienestar, un refugio que se construye día a día,
con amor propio, con cuidado, con gratitud.
el amor es la fuerza que nos sostiene
cuando el cuerpo tambalea
y el alma tiembla.
La fe, ese hilo invisible que nos ata a la vida,
se vuelve más luminosa en diciembre,
cuando la esperanza —aun cansada—
decide quedarse.
Hoy comprendo que estar aquí
es un regalo inmenso.
Que cada respiración es un milagro discreto,
que cada amanecer es una segunda oportunidad
Y por eso, en este diciembre que cierra un año difícil,
solo puedo decir:
Gracias por la vida.
Gracias por el amor.
Gracias por la fe que me sostuvo.
Gracias por la esperanza que no se rindió.