25/08/2026
Durante los últimos días me puse a investigar a fondo la Ley 97: revisé reformas, requisitos, semanas cotizadas, AFORE y los nuevos apoyos que se han anunciado para las futuras pensiones.
No es un tema nuevo para mí. Llevo cerca de 14 años trabajando con AFORE y pensiones, y he acompañado casos muy diferentes: personas que sí lograron pensionarse bien, otras que tuvieron que recuperar semanas y algunas que, después de toda una vida trabajando, descubrieron que su retiro no era como lo habían imaginado.
Aun con experiencia, la información es complicada. Hay páginas que todavía muestran requisitos anteriores, notas que prometen pensiones casi iguales al último sueldo y videos que mezclan la Ley 73, la Ley 97, la Pensión Bienestar y el Fondo de Pensiones para el Bienestar como si todo fuera lo mismo.
No lo es.
LEY 73 VS. LEY 97: EL RIESGO CAMBIÓ DE DUEÑO
Para empezar, respóndete algo muy sencillo:
¿Sabes bajo qué ley te vas a pensionar?
No en qué AFORE estás.
¿Sabes realmente bajo qué ley te corresponde pensionarte?
La fecha que marca la diferencia es el 1 de julio de 1997.
Quienes comenzaron a cotizar antes de esa fecha pueden estar bajo el régimen de la Ley 73. Quienes comenzaron a cotizar a partir de esa fecha pertenecen a la Ley 97.
Parece solamente un cambio de nombre, pero cambió por completo la lógica del retiro.
En la Ley 73, el IMSS calcula la pensión tomando en cuenta la edad, las semanas acumuladas y el promedio del salario base de cotización de los últimos cinco años.
Se necesita al menos 500 semanas para abrir el derecho a una pensión.
Eso no quiere decir que todas las personas recibieran una buena cantidad. Tener 500 semanas solamente abre la puerta. Alguien con más semanas, mejor salario registrado y mayor edad puede recibir una pensión considerablemente mejor.
Pero existe una fórmula definida para calcularla.
Con la Ley 97 las cosas cambiaron.
Ahora tienes una cuenta individual administrada por una AFORE y el resultado dependerá, en buena medida, de lo que logres acumular durante tu vida laboral.
Aquí ya importa cuánto tiempo cotizaste, con qué salario te registraron, cuánto dinero entró a tu cuenta, qué rendimientos obtuvo, qué comisiones pagaste, si retiraste dinero por desempleo y cuántos años pasaste sin aportar.
En otras palabras:
En la Ley 73, el sistema calcula cuánto debe pagarte.
En la Ley 97, primero se revisa cuánto alcanzaste a construir.
Por eso digo que el riesgo cambió de dueño.
Originalmente, la Ley 97 pedía 1,250 semanas cotizadas. Estamos hablando de aproximadamente 24 años de trabajo reconocido ante el IMSS.
Después llegó la reforma de 2020. El requisito se redujo y comenzó un incremento gradual hasta llegar a 1,000 semanas en 2031.
Mil semanas son aproximadamente 19 años y tres meses de cotización continua. Para hacerlo sencillo: casi 20 años.
Y aquí es donde esto se vuelve personal.
Si hoy tienes 25, 35 o 45 años, no importa demasiado cuántas semanas se exigen únicamente en 2026, porque probablemente no te vas a pensionar este año.
Para ti, la referencia útil es que la legislación actual terminará pidiendo 1,000 semanas a partir de 2031.
En 2031 no desaparece el requisito ni se regresa automáticamente a las 1,250 semanas. Lo que termina es el aumento gradual y, con la ley vigente, se queda en 1,000.
Ahora vienen las preguntas incómodas.
¿Cuántas semanas tienes actualmente?
¿En verdad vas a completar casi 20 años cotizando?
Si llevas cinco años trabajando por tu cuenta, ¿quién está sumando tus semanas?
Si tu patrón te registra con un salario menor al que realmente ganas, ¿con qué salario se está construyendo tu retiro?
Si dejaste de cotizar para emprender, trabajar informalmente o cuidar a tu familia, ¿cuánto tiempo lleva detenido tu contador?
Porque tu edad sigue avanzando aunque tus semanas no se muevan.
Puedes cumplir 40, 50 o 60 años, pero si no estás dentro de un esquema que genere cotización, el IMSS no te suma semanas solamente porque sigas trabajando o produciendo dinero.
¿La ley podría volver a cambiar durante los próximos 20 o 30 años?
Por supuesto.
Podrían modificar las semanas, las aportaciones, la edad de retiro, las pensiones garantizadas o las condiciones de los apoyos públicos.
Lo que nadie puede asegurar es cómo serán esas reglas cuando nosotros lleguemos a los 65 años.
Y ése es exactamente el punto.
Ningún plan financiero de 20, 30 o 40 años debería depender completamente de que continúe un partido político, permanezca un programa social o no vuelva a modificarse la ley.
Pero todavía hay algo más importante:
Cumplir las 1,000 semanas no significa que vas a recibir una buena pensión.
Las semanas pueden abrirte el derecho. El dinero acumulado determinará buena parte del resultado.
Imagina que antes de retirarte necesitas $30,000 mensuales para vivir, pero tu pensión termina siendo de $15,000.
Tendrías una tasa de reemplazo del 50%.
Eso solamente significa que tu retiro sustituiría la mitad del ingreso que necesitabas.
Entonces la pregunta ya no es solamente:
“¿Voy a alcanzar una pensión?”
La verdadera pregunta es:
“¿Quién va a poner los otros $15,000 cada mes?”
Ahí es donde empieza la planeación.
No significa abandonar la AFORE ni contratar mañana el primer plan que te ofrezcan. Significa dejar de pensar que tener una AFORE es lo mismo que tener el retiro resuelto.
La AFORE es una parte.
Después pueden venir un plan personal para el retiro, inversiones, bienes productivos o una combinación de diferentes estrategias.
Pero primero necesitamos conocer el hueco.
Porque el problema no es llegar a los 65 años sin saber qué ley te corresponde.
El verdadero problema es llegar a esa edad y descubrir que te faltaron semanas, dinero y el único recurso que ya no puedes recuperar: tiempo.