07/07/2026
Nunca pensé que un Mundial pudiera conmoverme tanto.
Ahora que lo pienso, todo empezó cuando escuchaba a mi mamá hablar de cada partido con una ilusión contagiosa. Después estaba mi esposo, que desde días antes me avisó, entre risas, que durante los horarios de los partidos iba a estar “ocupado” y que, por favor, no lo molestara. 😂
Y, finalmente, mi papá… verlo volver a emocionarse como un niño terminó de contagiarme.
Pero como si eso no fuera suficiente, hasta Frank se volvió parte de la experiencia. Cada vez que jugaba México se sentaba con una presencia impresionante, siempre al lado de su pelota, como si también estuviera listo para el partido. Y cuando caía un gol… salía corriendo por toda la casa, contagiándose de nuestra emoción. 🐶⚽️
La verdad es que siempre he apoyado a México. Pero esta vez, al ponerme la camiseta, fue distinto.
No porque entendiera más de fútbol, sino porque quería compartir la emoción que veía en los ojos de las personas que más quiero.
Y, sin darme cuenta, la que más gritaba los goles… era yo.
No sé si México jugó como nunca, pero si sé que lo dió todo, se sentía esa pasión con la que salían a jugar. Y no me queda duda de que este Mundial me hizo sentir como nunca.
Hablé con amigos de distintos países. Cuando jugaba su selección, yo los apoyaba. Cuando jugaba México, ellos hacían lo mismo conmigo.
Y entonces entendí que un balón puede hacer algo que, a veces, ni la política, ni la religión, ni las diferencias culturales consiguen.
Puede reunir a personas completamente distintas alrededor de una misma emoción.
Nunca imaginé que el fútbol pudiera unir tanto.
Por eso hoy no quiero quedarme con la frase: “Jugamos como nunca, perdimos como siempre.”
Porque quizá el resultado nos recordó el pasado, pero la emoción que vivimos esta vez fue completamente distinta.
Sí, México quedó fuera del Mundial.
Pero siento que ganó algo mucho más difícil de conseguir.
El mundo conoció un México 🇲🇽 que abraza.
Que comparte la mesa.
Que hace sentir en casa a quien viene de lejos.
Que convierte cualquier calle en una fiesta.
Que, ni bajo la lluvia, deja de cantar y de bailar.
Que celebra con desconocidos como si fueran amigos de toda la vida.
Y eso también fue parte del Mundial.
Quizá sea, incluso, la parte que más vale la pena recordar.
Porque los resultados cambian.
Pero la energía con la que haces sentir a alguien… esa permanece mucho más tiempo.
Hoy elijo quedarme con eso.
Con la certeza de que el amor sigue siendo el lenguaje que mejor entiende el mundo y que por unas semanas, millones de personas hablaron el mismo idioma sin necesidad de decir una sola palabra.
Quizá México ya no siga en el Mundial.
Pero eso no cambia lo más valioso que nos dejó.
Nos recordó que todavía existen momentos capaces de unir familias, amigos y hasta personas de países distintos alrededor de una misma emoción.
Y eso, en un mundo que tantas veces parece dividido, también es una victoria.
Gracias, México, por recordarme que hay emociones que sí pueden unir al mundo.
Porque la energía nunca miente.
Y este Mundial me recordó que hay victorias que no aparecen en el marcador, sino que se quedan para siempre en el corazón. 🇲🇽❤️