24/07/2025
💻 La política como acto de amor: una reflexión urgente para Costa Rica
En un país que históricamente se ha presentado como faro democrático en América Latina, la política costarricense enfrenta hoy una profunda crisis de sentido. Se ha desdibujado su razón de ser, desplazando el bien común por intereses particulares, negociaciones opacas y visiones fragmentadas de poder. En medio de este desencanto, emerge una pregunta necesaria y disruptiva: ¿Y si la política fuera, ante todo, un acto de amor?
No hablamos de un amor romántico ni abstracto, sino de ese amor que se traduce en respeto por la dignidad humana, en compromiso con el otro, en una vocación de servicio auténtica. Una política amorosa implica priorizar la libertad colectiva sobre la acumulación de privilegios, fomentar la construcción de oportunidades para todos y no solo para quienes tienen acceso al poder. Amar desde la política significa, en esencia, entender que gobernar es cuidar.
Sin embargo, la realidad costarricense de hoy demuestra todo lo contrario. La incapacidad de articular liderazgos transformadores, la fragmentación institucional y la falta de visión compartida han generado una profunda desconexión entre el Estado y la ciudadanía. La ausencia de consensos justos y de decisiones estructurales ha profundizado la desigualdad, debilitado la cohesión social y exacerbado la frustración ciudadana.
Más grave aún: el sistema político se ha convertido en un espacio que desalienta a quienes desean servir con vocación auténtica. Muchos jóvenes, profesionales y liderazgos locales entran con esperanza al espacio público… y salen corriendo al ver cómo opera en la práctica: negociaciones sin principios, clientelismo, violencia simbólica, desinformación y decisiones tomadas no en función del país, sino de agendas particulares. La política actual repele a quienes más necesita.
Las instituciones parecen girar sobre sí mismas, y la política se ha vuelto rehén de cálculos mezquinos, olvidando su propósito esencial: armonizar los intereses diversos para construir un país donde vivir bien sea posible para todas las personas. El verdadero amor político se expresa en el esfuerzo constante por equilibrar las cargas, reconocer la diversidad de realidades y garantizar que el acceso a educación, salud, trabajo digno y justicia no dependa del apellido, la zona geográfica ni la afinidad ideológica.
Ser libre no es solo no tener cadenas; es tener opciones reales para desarrollarse. Por eso, la política debería ser la garantía de esa libertad: el espacio donde se decide cómo asegurar a cada costarricense las condiciones para elegir su camino con dignidad y esperanza. Y eso exige una visión de país que supere los ciclos electorales y piense más allá de los titulares.
Hoy, más que nunca, Costa Rica necesita liderazgos que comprendan que gobernar es tender puentes, no cavar trincheras. Necesitamos una política con visión ética, con responsabilidad intergeneracional y con el corazón puesto en el bienestar colectivo. Una política que abrace la justicia, que no tema redistribuir poder, y que honre a quienes se atreven a entrar al servicio público con las manos limpias y los sueños intactos.
La política como amor no es una utopía ingenua. Es una urgencia moral. Requiere valentía, empatía y una ciudadanía activa que exija rendición de cuentas, pero también que se involucre en la transformación. Porque solo desde el amor entendido como justicia, equidad y libertad compartida podrá Costa Rica encontrar el camino hacia una sociedad más armónica, más humana y verdaderamente libre.